¿Es egoísta quererse a uno mismo? Como diría Jorge Bucay, hay un egoísmo sano en el cual yo me quiero mucho a mi mismo pero dejando espacio también para querer a los demás –sobre todo, a las personas que son importantes para mí-, y un egoísmo patológico, en el cual todo giraría alrededor de mí y no quedaría empatía ni espacio para el otro. Dicho de otra manera: una cosa es autoestima y otra, muy distinta, egocentrismo o narcisismo.

Existe la creencia de que si uno se quiere mucho a sí mismo no podrá querer a los demás, como si ambas cosas fueran incompatibles. Pero, en realidad, sucede justo lo contrario: si no me quiero a mi mismo, no puedo querer a nadie; si no me soporto a mi mismo, no soportaré a nadie. No puedo dar lo que no tengo: si no tengo amor para mí mismo tampoco lo tendré para los demás. A lo sumo, puedo simular, nada más.

Incluso la Biblia dice: “ama a tu prójimo como a ti mismo”. No dice: “ama a tu prójimo más que a ti mismo” ni “ama a tu prójimo aunque no te quieras a ti mismo”.

Entonces, ¿qué sucede con las personas de las que decimos que tienen “demasiada” autoestima o que son egocéntricas? Pues sencillamente que, más que quererse mucho a sí mismas –en realidad, eso es una impostura- actúan como “niños mimados” que se creen con derecho a todo.

Si nos queremos a nosotros mismos lo suficiente: nos cuidamos y nos responsabilizamos de nuestra vida y tratamos a los demás con cariño, dignidad y respeto. Y si no nos queremos lo suficiente: tendemos al victimismo o al chantaje emocional, esperamos que los demás resuelvan nuestros problemas, podemos lastimar más fácilmente a quienes nos quieren o/y adoptar hábitos o conductas autodestructivas, etc. y en el peor de los casos, arruinar completamente nuestra vida –y la de las personas próximas-.

Además, si no tenemos suficiente autoestima, tampoco nos llegará y nutrirá el amor de los demás. Por más que nos quieran, habrá siempre una especie de barrera o escudo emocional que repelerá ese amor: no nos creeremos merecedores de él o lo acogeremos con desconfianza y culpa.

Por otro lado, aunque estemos rodeados de personas amorosas, con un cariño incondicional hacia nosotros y una capacidad de empatía muy elevada y, en el supuesto de que seamos capaces de recibir esto, siempre habrá cuestiones en las cuales nos sintamos poco comprendidos, siempre haremos cosas que los demás no aprueben, siempre habrá momentos y circunstancias en que estemos solos con nosotros mismos y con nuestros problemas.

Y, en estos momentos, será crucial que tengamos la capacidad de apoyarnos y de darnos cariño a pesar de todo, para no derrumbarnos o para no sucumbir a ningún chantaje.

A fin de cuentas, la única persona con la que conviviremos siempre, hasta el día de nuestra muerte somos nosotros mismos. No tendremos compañero más fiel en toda nuestra existencia. De ahí que sea tan importante llevarnos bien con nuestro propio Yo.

Nos puede ayudar imaginar que llevamos a un niño pequeño –nuestra parte más sensible y vulnerable- al que hemos de cuidar y proteger, al que no podemos decepcionar o abandonar.

Extracto del libro El cambio empieza dentro de tí, de Josep Planas -psicólogos Oviedo-