Según Francisco Alcaide y Laura Chica, autores de Tu futuro es hoy, practicar el arte de la incomodidad implica entrenar al cerebro para que poco a poco “se sienta cómodo en la incomodidad” y seamos así más capaces de asumir riesgos cuando las circunstancias lo requieran.

Por su parte, la ACT (Terapia de Aceptación y Compromiso) postula también que, a menudo, tenemos que enfrentarnos a situaciones desagradables para mejorar nuestra calidad de vida.

Instintivamente, no obstante, solemos hacer lo contrario para protegernos del dolor. Pero eso no es una buena opción cuando nos impide avanzar en la consecución de objetivos que son valiosos para nosotros.

Otra cosa es evitar el dolor “evitable” y que no nos aporta nada. Por ejemplo, el que es debido a una mala gestión de nuestras emociones o a un conflicto mal resuelto.

La vida se expande o se reduce en función de los esfuerzos que hagamos para salir o no de nuestra zona de confort. Arriesgarse no garantiza el éxito, pero la frecuente evitación de lo que nos resulta desagradable o incómodo, sí es una garantía de estancamiento y de fracaso.

Avanzar en la vida implica con frecuencia sentir miedo, inseguridad, incomodidad, estrés. No se trata de exponernos al malestar porqué sí, pero debemos ser conscientes de que es el precio a pagar para conseguir objetivos importantes en nuestras vidas. Nada valioso se consigue sin esfuerzo. No hay atajos ni fórmulas mágicas. El universo no está ahí para satisfacer nuestros deseos sin más.
Se trata, pues, de obligarnos a salir de nuestra zona de confort, de hacer cosas diferentes a nuestra rutina habitual, que nos aporten nuevas experiencias y potencien nuestro desarrollo personal, venciendo esas resistencias interiores que nos atan a los “puertos seguros”.

Pueden ser cosas tan sencillas como cambiar el recorrido de vuelta a tu casa, probar una comida exótica, aprender algo nuevo, leer biografías inspiradoras, cultivar nuevas aficiones, viajar a algún país desconocido, intentar hacer nuevos amigos, experimentar con nuevas actitudes y maneras de comportarnos en situaciones determinadas, etc.

La dirección de nuestras acciones debería ir orientada, sobre todo, a la mejora de aquellos aspectos de nosotros mismos que están menos evolucionados o son más problemáticos.

Por ejemplo, a alguien tímido o con problemas de ansiedad social le iría bien hablar con desconocidos, acudir a sitios donde pueda hacer nuevos amigos, etc. A alguien que le cuesta decir “no” o que suele evitar los conflictos, mostrarse más asertivo. A alguien con valores muy rígidos, potenciar encuentros con personas de otras culturas o de ideologías diferentes, viajar, etc.

Aquello que más nos incomoda suele darnos pistas de por dónde practicar más.

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