En su libro Mujeres malqueridas, Mariela Michelena, psicoanalista y escritora especializada en problemas de amor, nos dice que “malquerer” no equivale necesariamente a no querer, y que la pregunta que las mujeres deben formularse en las relaciones de pareja, no es tanto: “¿Me quiere o no me quiere?” sino más bien “¿Me quiere como yo necesito que me quieran?, “Una relación así, ¿me compensa?”, “¿Qué cosas no estoy dispuesta a tolerar?” etc. Años atrás, ya el psicólogo cognitivo Aaron T. Beck publicó un libro con un título significativo: Con el amor no basta. Esas mismas preguntas, podría formulárselas un hombre por supuesto. Lo que ocurre es que hay un tipo de amor más entregado, un “amor de madre”, en palabras de la autora, al que tienden con mayor frecuencia las mujeres y que se parece más a la entrega y amor incondicional de la mamá con su bebé durante los primeros meses. Es un amor demasiado tolerante y que no juega a favor del bienestar emocional de la persona.

La elección de pareja, como muchas otras cosas en la vida, viene a menudo condicionada por una especie de “agenda oculta“, es decir, por algo que nos ha marcado durante la infancia y que opera como un deseo inconsciente. No es fácil explicar porque ocurre esto pero tiene que ver con asuntos no resueltos en relación a nuestros padres, con el deseo de “resolver” algo -a través de nuestra pareja actual- que sentimos nos quedó pendiente en nuestra infancia.

Por ejemplo, demostrar  a un padre –el que tenemos en nuestra cabeza, no al real- seco, severo, poco afectuoso, quizás incluso despreciativo, etc. que somos capaces de conseguir su amor, eligiendo a otro hombre parecido como pareja y esforzándonos por conseguir que nos quiera. Lo más probable, claro está, es que fracasemos.

¿Parece absurdo? Sí, pero la mente humana funciona a veces con muy poca lógica como ya apuntó Freud al afirmar que, a pesar de nuestra supuesta racionalidad,  somos dirigidos en gran medida por fuerzas inconscientes: deseos, represiones, temores, etc. que no llegan al umbral de la consciencia.

Michelena nos advierte también de los “pecados capitales” que puede cometer la mujer en la pareja:

La sumisión, para sentirse querida. Debajo de esta “debilidad” a menudo se esconde también la fantasía de que “si me someto a todos sus deseos olvidándome de mí, seré capaz de transformar la bestia en príncipe azul”.

La intermitencia: hacer de la relación una montaña rusa de sensaciones, a través de rupturas y reconciliaciones. Vendría a ser una estrategia para intentar mantener viva la emoción del enamoramiento.

La adicción: convertir el amor en algo parecido a la dependencia que tiene el toxicómano con la droga, incluyendo la fantasía de que “lo puedo dejar cuando quiera”.

El complejo de Cenicienta: hacer cualquier cosa para agradar, para encajar con el otro, para poder meter el pie en el “zapato de cristal”, aún a costa de posibles mutilaciones. Es parecido al “pecado” de sumisión antes mencionado.

También menciona la autora otros posibles errores que podemos cometer cuando la relación no va bien, tales como:

Desahogarnos excesivamente con las amigas en momentos de crisis para luego, en la reconciliación, apartarlas para que no estropeen la imagen revalorizada de la pareja, para que no nos recuerden “verdades incómodas”.

Consultar el horóscopo, acudir a tarotistas o a artes adivinatorias varias con la esperanza de que nos animen y conforten con falsas ilusiones, que nos digan aquello que queremos oír más que la verdad de la relación.

Consultar libros de autoayuda que contengan mensajes excesivamente “positivos” o pueriles que nos hagan creer que conseguir a nuestro príncipe azul no sólo es posible sino que además es relativamente fácil. Y que, si fracasamos en este empeño es culpa nuestra por no desearlo lo suficiente, etc.

Añadir finalmente que, si bien María Michelena se refiere a las relaciones de pareja, la pregunta de “¿me quiere o no me quiere?” también nos la formulamos a veces en relación a otras personas: hijos, padres, hermanos, etc. Y las conclusiones que podríamos sacar no serían muy diferentes.

Agregaría, además, que lo importante, además de si el otro/a me quiere “de la forma que necesito” es también si yo “me quiero a mi mismo/a” lo suficiente. ¿Parece egoísta? Bueno, en todo caso, diría que se trata de un “egoísmo sano” y de ser realistas, pues la única persona que nos acompañará siempre y a lo largo de toda nuestra vida –y con la que, por tanto, es esencial llevarse bien- es uno mismo. Y, además, si no nos queremos a nosotros mismos difícilmente podremos sentirnos queridos por nadie y difícilmente podremos mantener relaciones sanas con nuestra pareja, con nuestros hijos, etc.

TAREA SUGERIDA

¿Te ves reflejada/o en alguno de los puntos anteriores?

En caso afirmativo: ¿En qué exactamente?, ¿Y qué sugerencias piensas que te iría bien seguir?

Extracto del libro El cambio empieza dentro de tí: 101 reflexiones y estrategias para potenciar tu bienestar emocional y ser (más) feliz