Este libro recoge las vivencias del autor, un psiquiatra vienés, en un campo de concentración nazi. Narra las crudezas del holocausto pero, con la belleza que sólo su visión existencialista es capaz de imprimirle a cada página. Nos habla de los valores que deben ser cultivados por el hombre pese a las adversidades. Nos habla de esperanza, del sentido de la vida, de la libertad de elegir aún en los momentos más difíciles la actitud personal. Nos habla de lo bello que podría ser el mundo a pesar de todo, de lo que a él le movía a luchar por sobrevivir, de lo que nos puede mover a cada uno de nosotros para superar las adversidades y los momentos más oscuros de nuestra vida con responsabilidad y consciencia. Pese a lo amargo y aterrador de la experiencia, nos deja un mensaje sumamente alentador y nos mueve a alcanzar nuestra propia autorrealización a través de la búsqueda de sentido.

La segunda parte de la obra habla de los fundamentos de la logoterapia, una modalidad de psicoterapia que centra su atención en el significado de la existencia humana, así como en la búsqueda de dicho sentido por parte del hombre. En ella, Frankl propone la “voluntad de sentido” como motivación primaria del ser humano en contraste con el principio del placer freudiano. Su esencia está contenida en la famosa frase de Nietszche “quien tiene algo por qué vivir, es capaz de soportar cualquier cómo”

Cito algunos pasajes del libro a modo de ejemplo:

. “Al hombre se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal ente un conjunto de circunstancias- para decidir su propio camino”

. “Una tarde… uno de los prisioneros entró corriendo para decirnos que saliéramos al patio a contemplar la maravillosa puesta de sol y, de pie, allá fuera, vimos hacia el oeste densos nubarrones y todo el cielo plagado de nubes que continuamente cambiaban de forma y color desde el azul acero al rojo bermellón, mientras que los desolados barracones grisáceos ofrecían un contraste hiriente cuando los charcos del suelo fangoso reflejaban el resplandor del cielo. Y entonces, después de dar unos pasos en silencio, un prisionero le dijo a otro: ¡qué bello podría ser el mundo!”

. “Me obligué a pensar en otras cosas. De pronto, me vi de pie en la plataforma de un salón de conferencias bien iluminado, agradable y caliente. Frente a mí, tenía a un auditorio atento, sentado en cómodas butacas tapizadas. ¡Yo daba una conferencia sobre la psicología de un campo de concentración!” (como más adelante hizo, impartiendo cursos y conferencias por todo el mundo)

. “El prisionero que perdía la fe en el futuro –en su futuro- estaba condenado”

“. El sentido de la vida difiere de un hombre a otro, de un día para otro, de una hora a otra hora… Cada uno debe llevar a cabo un cometido concreto”

. “En realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros”

Hay dos razas de hombres en el mundo y nada más que dos: la “raza” de los hombres decentes y la raza de los indecentes. Ambas se encuentran en todas partes y en todas las capas sociales

Desde mi consulta de psicólogos Oviedo, recomiendo su lectura.

Josep Planas